Las nacientes señales de los tiempos del fin

En el mundo todo anda de cabeza. En vista del nuevo año, no da la impresión de que la situación va a cambiar mucho para bien. ¿Cómo debemos reaccionar ante los repetidos anuncios de terror?

polish-collapse_imageEl 1º de setiembre de 1939 fue el primer día de otoño en Europa. También fue el primer día de la Segunda Guerra Mundial. Adolfo Hitler entró en Polonia, y una serie de contratos de defensa catapultaron a los aliados – Gran Bretaña, Francia, Nueva Zelanda, Australia, África del Sur, Canadá, Egipto, y más tarde EE.UU – a una inflexible confrontación con los poderes ejes (Alemania, Austria, Italia y, más tarde, Japón).

Una señal visible de que el reino unido se encontraba en guerra, fue que importantes edificios gubernamentales fueron fortificados con miles de bolsas de arena, pensadas para interceptar el fuego de artillería enemiga y proteger los muros y fundamentos de las sacudidas de las explosiones de las bombas. Los ejércitos fueron movilizados, los teatros fueron cerrados, la vida nocturna fue suspendida por tiempo indeterminado, y la población de Europa esperaba con nerviosismo el próximo paso de Hitler.

¿Y sabe lo que sucedió a continuación? Nada. En todo el mes de setiembre no hubo agresión alguna de parte de Hitler, agresión de la cual los aliados deberían haberse defendido. Quizás el primer ministro inglés Chamberlain había tenido razón, y Hitler, al igual que un dragón acorralado, se había apaciguado con el trozo considerable de Europa que ya se había tragado. ¿Y sabe lo que sucedió en octubre? Nada. Luego pasaron noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo y abril, mayormente sin novedades (a pesar de que los noruegos con todo su derecho, desecharían mi definición de “sin incidentes”). Comparado con lo se esperaba, después de la Primera Guerra Mundial, en realidad no había novedades en el occidente.

En Francia, el ministro de defensa Édouard Daladier recibió un poder de tiempos de guerra, casi dictatorial, para reclutar personal con fines de guerra, pero desistió de hacerlo. Las fábricas que podrían haber producido municiones, continuaban produciendo bienes de consumo. Ni los comestibles ni el combustible fueron racionados. Las pistas de esquí nuevamente fueron abiertas para los turistas, y los lugares turísticos en la Costa Azul, al igual que los clubes nocturnos en París, pronto volvieron a funcionar a todo dar. Los soldados franceses, incluso, recibieron permiso de regresar a sus casas hasta que se los necesitara.

Hasta muy entrado el año 1940 se veía a los soldados británicos dormitando en las reposeras en el Hyde Park de Londres, y eventualmente dándole de comer a los patos. La obra Rey Lear siguió representándose en el teatro. El diario The Times no tenía nada nuevo que decir sobre la guerra, y dirigía su atención al regreso de las golondrinas y otras aves a las Islas Británicas.

El político británico Alfred Duff Cooper hizo un anuncio público disparatado a los estadounidenses, diciendo que Gran Bretaña y Francia habían hallado “un nuevo camino” para “hacer guerra sin pérdida de vidas humanas”. Un profeta de malos augurios, poco estimado en aquel tiempo, era un tal Winston Churchill, quien advertía insistentemente a los aliados a no dejarse adormecer por un falso sentido de seguridad.
Y entonces, un día de mayo de 1940, después de casi nueve meses sin acontecimientos, en Londres sucedió algo extraño… las bolsas de arena que habían asegurado las paredes de los edificios gubernamentales, comenzaron a estallar.

product_4_jute_sand_bagVea: en lugar de llenar esas bolsas con arena gruesa, como decía en los contratos, las mismas habían sido llenadas con tierra común más barata. En esa tierra ahora, las pequeñas semillas habían comenzado a germinar y a brotar. Y eso había llevado a que las bolsas estallaran. ¿Qué significaba esto para la guerra? La razón para que las semillas brotaran fue la primavera. Los brotes verdes anunciaban que el verano se avecinaba. Hitler, quien conocía la historia, había aprendido del fatal error de Napoleón: si los medios son limitados, nunca se debe comenzar una guerra en el invierno. Si Napoleón hubiera esperado hasta el verano, muchos rusos ahora quizás hablarían francés.

Los brotes reverdecientes en las bolsas de arena de Londres, eran un heraldo que anunciaba que ahora la guerra pronto comenzaría.
De hecho, el próximo comunicado de Francia a la Calle Downing 10 fue una llamada telefónica llena de pánico, en la cual el primer ministro francés explicaba que Francia había caído. Y el resto es, como se dice… historia.
La lección que se saca de aquí, dice: ¡Cuando las bolsas de arena comiencen a reverdecer, huyan a los montes!

Aunque usted lo crea o no, eso es exactamente lo que Jesús dijo en Lucas 21:29-31: “También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.” El punto crítico que Jesús señaló expresamente fue: si uno es lo suficientemente inteligente para notar que los árboles que brotan anuncian el verano, entonces uno también debería prestar atención a las señales de que Su venida se acerca.

¿Recuerda cuales son estas señales? Lucas 21:25-26: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas [inestabilidad cósmica], y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas [Tsunamis]; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” (Busque en “Google”, para ver lo que significaría para el eje de la tierra un cometa que pasa cerca, y las consecuencias globales que eso tendría.)

Otras señales que las Sagradas Escrituras anuncian, son: guerras y gritos de guerra, terremotos, apariciones de enfermedades mortales, y hambrunas (colapso económico). Obviamente estas señales son un tanto más estremecedoras que las señales del verano. Por eso, muchas personas no consideran estos acontecimientos como buenas noticias. En lugar de eso, intentan detenerlas o eliminarlas. Si se le puede creer al Discovery Channel, pareciera que sin parar se reúnen los expertos para hablar de la pérdida del ozono, del calentamiento global, del efecto El Niño, del venidero tiempo de hielo, o de las apariciones de los virus, o de  las averías nucleares.

¿Sabe usted cuál es la reacción bíblica a tales pronósticos del fin del mundo? Alegría. Lucas 21:28: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”
Cada generación cree estar viviendo en el fin de los tiempos. A mi manera de ver, esto es sano. Por esta razón, Dios permite que los temblores preliminares sacudan nuestra comodidad: así nos mantenemos alertas y vivimos como personas que creen que Jesucristo viene otra vez.

Si viviéramos en un mundo utópico, que de alguna manera lograra frenar la superpoblación, suprimir los terremotos, encontrar sanidad para cada enfermedad, amansar los océanos, establecer un campo de fuerza protector alrededor del planeta, y llegar a la perfecta y duradera paz mundial entre las naciones… entonces entenderíamos por qué la gente duda de las palabras de Jesucristo. Pero, amigos, cuando nuestro mundo muestra señales de que su fecha de vencimiento se está acercando, entonces los cristianos deberíamos cobrar ánimo. Los temblores preliminares son prueba de los pronósticos.
Éstos no son tiempos para ser negligentes y letárgicos, para estar dormitando en reposeras y dar de comer a los patos. Éste es el tiempo correcto para estar preparados.

¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
 [Fuente]

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