¿Un complot pascual?

¿Jesús conspiró para cumplir profecías?

Las profecías bíblicas concernientes a la venida del Mesías, son muy numerosas y detalladas. Aún los críticos más anticristianos que niegan categóricamente que Jesús de Nazaret es el Salvador del mundo admiten que muchas profecías mesiánicas específicas se cumplieron en su vida y crucifixión.

En un intento por justificar hábilmente el significado de ese hecho se han inventado algunas teorías insólitas; por ejemplo, hace años hubo un libro y una película cinematográfica (ninguno de los dos muy exitosos) titulados The Possouer Plot [El complot de la pascual]. Este dice que Jesús, conociendo algunas de las profecías en el Antiguo Testamento, conspiró con Judas para cumplirlas a fin de que pareciera que él era el Mesías prometido.

¿Una contradicción irreconciliable?

Evidentemente habría sido absurdo que Jesús se hiciera crucificar él mismo a fin de convencer a una pequeña banda de seguidores analfabetos incompetentes de que él era el Cristo. En realidad, ni sus discípulos ni ningún otro judío, incluyendo también a Juan el Bautista, podía creer (aunque las profecías eran claras, como Cristo las explicó a menudo) de que el Mesías iba a ser crucificado. Su muerte más bien parecería una prueba de que él no era el Mesías, por lo que el cumplir al pie de la letra las profecías concernientes a su crucifixión, como lo hizo, no habría sido la forma de reunir adeptos. En realidad, la muerte de Cristo en cumplimiento de la Escritura, era con el fin de pagar la pena de nuestros pecados. Las profecías concernientes a su muerte (Salmos 22:16; Isaías 53: 5, 8-10, 72; Zacarias 12:10; etc.) eran evitadas por los judíos como misterios impenetrables porque parecían contradecir totalmente otras profecías que declaraban llanamente que el Mesías ocuparía el trono de David y gobernaría sobre un magnífico reino.
¿Cómo podría el Mesías establecer un reinado y una paz que nunca terminarían (lsaías 9:7) y aun así ser rechazado y crucificado por su propio pueblo? Parecía imposible que ambas fuesen verdad, por tanto los intérpretes judíos simplemente optaron por no hacer caso a Io que para ellos no tenía sentido. La prueba triunfante y final para los rabinos fue que los judíos pudieron crucificar a Jesús, y esto sirvió como la evidencia desilusionante pero innegable para las masas de judíos y sus discípulos más devotos de que Jesús de Nazaret no podía haber sido el Mesías de ninguna manera.
El reino mesiánico profetizado no se había establecido, ni tampoco había traído paz a lsrael librándola de sus enemigos. Por lo tanto, en el mejor de los casos Jesús sólo podía haber sido un impostor bien intencionado y en el peor de los casos un fraude deliberado. Y este es el argumento de la mayoría de los judíos en la actualidad.

Sin embargo, había una forma de reconciliar la aparente contradicción:
El Mesías tenía que venir dos veces; la primera vez para morir por los pecados del hombre; la segunda para reinar sobre el trono de David. Pero aun cuando Jesús explicó ese hecho antes de tiempo, nadie podía entenderlo. Se necesitaría la resurrección para abrir los ojos ciegos de ellos.

Más allá de un mero hombre

Efectivamente, hubo unas cuantas profecías que Jesús de Nazaret podía haber conspirado con Judas u otros para hacer que se cumplieran. Sin embargo, la mayoría de las profecías estaban más allá del control de cualquier mero hombre. Por ejemplo, nacer en Belén y de la simiente de David eran requisitos primordiales para el Mesías. La fecha de nacimiento del Mesías, también, como se predijo, obviamente estaba fuera de la influencia de cualquier mortal ordinario.

Su nacimiento tenía que ocurrir antes de que el cetro fuese quitado de Judá (Génesis 49:10), mientras el templo estuviese en pie (Malaquías 3:1), y las crónicas genealógicas estuviesen disponibles para probar su linaje (2 Samuel 7:12; Salmos 89; etc.), y poco tiempo antes de que el templo y Jerusalén fuesen destruidos (Daniel 9:26).Esta era una angosta brecha de tiempo durante la cual el Mesías tenía que venir -y él lo hizo. Como el apóstol Pablo, un ex rabino, lo expresó con tanta elocuencia: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer [es decir, de una virgen]…” (Gálatas 4:4). Sería demasiado tarde para que el Mesías hiciera su primero aparición ahora. Sólo puede haber una segundo aparición, conforme lo declarala Biblia. No obstante los judíos todavía esperan la primera aparición del que ellos se imaginan que es su Mesías, pero que enrealidad será el Anticristo.

El cetro fue quitado de Judá alrededor del año 7 d.C., cuando los rabinos perdieron el derecho de imponer la pena de muerte. Este derecho era crucial para la práctica de la religión de ellos porque la muerte era la pena por ciertas ofensas religiosas. Cuando Pilato dijo a los rabinos que no quería tener nada que ver con Jesús: “Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley”, ellos le dijeron: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie” (Juan 18:31). El Mesías tenía que nacer antes de que se perdiera esa potestad, y tenía que ser muerto después, porque no debía morir por apedreamiento, que era la forma de ejecución de los judíos, sino mediante crucifixión romana. Es asombroso que su crucifixión haya sido profetizada siglos antes de que ese medio de ejecución se conociera aún: “Horadaron mis manos y mis pies” (Salmos 22:16).

Asimismo, es evidente que el Mesías tenía que nacer mientras los registros genealógicos todavía existieran, o no podía haber prueba de que él era de la simiente de David.  Esos registros se perdieron con la destrucción de Jerusalén y el templo enel año 70 d.C., un acontecimiento que tanto Daniel (9:26) como Cristo profetizaron (Mateo 24:2). Dede entonces ha sido demasiado tarde para que venga el Mesías, a pesar de que la mayoríade los judíos todavía espera su primer advenimiento. Los creyentes cristianos, por otra parte, esperan la segundo venida, que también fue predicha por los profetas hebreos.

Cumplimientos asombrosos

Si Jesús hubiera conspirado para cumplir las profecías, ¿cómo habría sobornado a Pilato para que condenara los dos ladrones que fueron crucificados con el Señor en cumplimiento de Isaías 53:9? También tendría que haber sabido qué soldados estarían de guardia ese día a fin de sobornarlos de antemano para que dividieran sus ropas entre ellos y echaran suertes por su manto (Salmos 22,18), para que le dieran a beber vinagre mezclado con hiel (Salmos 69,27), y traspasaran su costado con una lanza (Zacarías 12:10) en vez de quebrarle las piernas como era la costumbre, pero que no debían hacerlo con el Mesías (Exodo 12:46; Salmos 34:20).

¿Formaban parte del complot también los rabinos? ¿Fue por eso que a Judas le pagaron exactamente 30 piezas de plata para que lo traicionara como lo profetizó Zacarías (11:12), y luego usaran el dinero para comprar “el campo del alfarero” para sepultura de los extranjeros cuando Judas las arrojó a los pies de ellos en el templo, tal como se había profetizado (Zacarías 11:13)? ¿Es por eso que lo crucificaron precisamente cuando los corderos de la pascua eran sacrificados por todo Israel, en cumplimiento de Exodo 12:6? El escenario de “El complot de la pascual” se vuelve cada vez más ridículo cuando más lo examinamos.

¿Adónde consiguió Jesús el dinero para pagar a las multitudes que estaban a ambos lados del camino hacia Jerusalén y que lo saludaban con gritos de alabanza como el Mesías cuando cabalgaba sobre un pollino -la última bestia que uno esperaría que escogiera un rey triunfante- precisamente como se predijo en Zacarias 9:9? Fue el 10 de Nisan (6 de abril), del año 32 d.C., el mismo día que los profetas habían declarado que ocurriría este acontecimiento extraordinario, exactamente 483 años (69 semanas de años como fue predicho en Daniel 9:25) después de Nehemías, en el vigésimo año del reinado de Artajerjes Longimano (465-425 d.C.) había recibido (el 1 de Nisan de 445a.C.) autoridad para reconstruir Jerusalén (Nehemías 2:1). El cumplimiento por parte de Jesús de estas y muchas otras profecías mesiánicas, en minucioso detalle, no puede justificarse há-bilmente.

El cadáver ausente, la tumba vacía

Además, si Jesús hubiera tenido éxito en el “complot” para lograr que lo crucificaran en la fecha y hora exactas que estaban profetizadas -a pesar de la determinación de los rabinos que se oponían (Mateo 26:5: Marcos 14,2)- Jesus todavía tenía que resucitar de los muertos. Ningún “Complot pascual”, no importa cuántos conspiradores estuviesen involucrados, podría haber logrado eso. Una “resurrección” falsa no sería base suficiente para que sus adeptos introdujeran el cristianismo al mundo. Únicamente si él realmente muriera y volviera a la vida tendrían ellos la motivación y el coraie para proclamar su evangelio enfrentando la persecución y el martirio.

Los soldados romanos no se durmieron mientras cuidaban la tumba. Si se hubieran dormido, permitiendo que los discípulos robaran el cadáver de Jesús, también habrían sido crucificados el día siguiente, lo mismo que los discípulos, por haber roto el sello romano sobre la tumba. Y si los discípulos hubieran robado el cadáver y de alguna forma se las hubieran arreglado para mantener el secreto, ¿por qué habrían muerto por una mentira? Eran tales cobardes que ninguno de ellos habría estado dispuesto a morir por Io que anteriormente habían creído que era la verdad. Sin embargo, casi todos fueron a la muerte como mártires, declarando hasta el final de que eran testigos oculares del hecho de que Jesus había resucitado de los muertos. Ninguno de ellos trató de salvar su vida a cambio de revelar dónde estaba escondido el cadáver. Simplemente no hay forma de explicar la tumba innegablemente vacía excepto por la resurrección. Ni el hinduismo, ni el budismo, ni el islamismo, ni ninguna delas otras religiones del mundo pretende de ninguna forma de que su fundador está vivo todavía. Sin embargo, para el cristianismo, la resurrección es el corazón mismo de su evangelio. Si Cristo no resucitó de los muertos, entonces todo este asunto es un gran fraude.

Cristo tampoco le dijo a sus discípulos que fueran lejos a predicar su resurrección en Siberia o Sudáfrica donde nadie podría desafiar dicha afirmación. Les dijo que comenzaran en Jerusalén, donde, si no hubiera resucitado de los muertos, una corta caminata hasta el sepulcro casi afuera del muro de la ciudad podrla haber demostrado de que todavía estaba muerto.

¡Cuánto habrían deseado los rabinos y los gobernantes romanos poder desacreditar al cristianismo antes de que pudiera adquirir impulso! La forma más segura habría sido poner el cadáver de Jesús en exposición pública, pero no pudieron. La tumba meticulosamente protegida por los guardas de repente quedó vacía.

Saulo de Tarso

Las pruebas a favor de la resurrección son numerosas e irrefutables, pero habiendo tratado acerca de ellas en otra parte mencionaremos sólo una -una prueba que a menudo se pasa por alto. Que Cristo había resucitado de los muertos es la  única explicación para el hecho de que Saulo de Tarso, el principal enemigo del cristianismo, se convirtiera en su principal apóstol. Saulo, un popular rabino joven, iba camino hacia grandes honores por su papel de liderazgo en perseguir a esta secta aberrante con arresto, encarcelamiento y martirio. Pero de repente, él mismo se volvió uno de los cristianos despreciados y perseguidos, y debido a esto varias veces fue arrestado, golpeado y encarcelado.

En cierta ocasión fue apedreado y dejado por muerto. Finalmente fue decapitado. Este asombroso cambio de actitud no tendría sentido, a menos que le hubiera sucedido algo extraordinario.

¿Por qué cambiar voluntariamente la popularidad por el sufrimiento y finalmente el martirio? Pablo explicó que había visto al Cristo resucitado, y que el que había muerto por los pecados del mundo estaba vivo y se había revelado a á[ personalmente. Sin embargo, dicho testimonio no era suficiente en sí mismo para probar de que, efectivamente, Cristo estaba vivo. Se necesitabaalgo más. Nadie podía dudar de la sinceridad de Pablo. Eso quedó demostrado por estar dispuesto a sufrir y hasta morir por Cristo. No obstante, la sincera creencia de que Cristo estaba vivo no era prueba suficiente.

Es posible que Pablo haya sufrido una alucinación y simplemente se imaginó de que Cristo se le había aparecido y le había hablado y realmente estaba vivo. Los gobernantes romanos Felix y Festo, así como también el rey Agripa, oyeron el relato de Pablo de este encuentro sobrenatural y se convencieron de que era sincero pero que había sido engañado (Hechos 24-26). Sin embargo, esa explicación no encuadraba con los hechos. La repentina intimidad de Pablo con las enseñanzas de Cristo proveían prueba de la resurrección queno podía disculparse con explicaciones de ninguna clase. Evidencia concluyente Pablo, que no había conocido a Cristo antes de la crucifixión, de repente es la principal autoridad de lo que Cristo había enseñado en privado a su íntimo círculo de apóstoles. ¡Tenía que haberse encontrado con él! Los apóstoles, a quienes Cristo había instruido personalmente durante varios años, tenían que reconocer que Pablo, quien en otro tiempo había sido un enemigo, sin consultar a ninguno de ellos, sabía todo lo que Cristo les había enseñado y, por cierto, tenía un discernimiento más profundo que ellos.

Cuando Pablo reprendió a Pedro por descarriarse, este último se sometió a la corrección (Gálatas 2:11-14).“Porque yo recíbí del Señor lo que también os he enseñado”(1 Corintios 11:23) fue cómo Pablo comenzó su explicación a la iglesia de Corinto de lo que había sucedido en la última Cena y lo que Cristo había enseñado a sus discípulos en esa ocasión. Sin embargo Pablo no había estado presente, ni había consultado con ninguno de los que habían estado allí. El testimonio jurado de Pablo fue’ “…no consulté en seguida con carne y sangre; ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia…” (Gálatas 1:16,17). El hecho de que él repentinamente era el principal apóstol y la autoridad sobre lo que Cristo había enseñado no podía explicarse de ninguna otra manera excepto de que Jesús realmente había resucitado y había instruido personalmente a Pablo.

Razón para tener confianza

El cumplimiento de las profecías mencionadas anteriormente así como también muchas otras en la vida, muerte y resurrección de Cristo prueban sin lugar a ninguna duda posible de que él es el Mesías de Israel, el Salvador del mundo. Ninguno puede examinar los hechos y seguir siendo un incrédulo honesto. Los que rehúsan creer ante una evidencia tan abrumadora no tienen excusa .

Hemos visto en algunas líneas la validez de la profecía bíblica con un propósito. Habiendo visto que lo que la Biblia profetizó con respecto a sucesos pasados se cumplió con un ciento por ciento de exactitud, tenemos razones válidas para creer que lo que nos dice con respecto al futuro se cumplirá de la misma manera.

[Fuente: Extracto del libro 'La mujer que cabalga la bestia'. Dave Hunt]

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