¡El Evangelio no es un fracaso!

“El Señor miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” [Salmo 14:2-3]

Uno de los argumentos de los detractores del cristianismo es: Hace aproximadamente dos mil años que existe, pero la violencia continúa, la paz no reina en el mundo, ni siquiera en aquellos donde la cultura cristiana es dominante. ¡Si el Evangelio hubiese tenido que producir efectos benéficos en los hombres y en la sociedad, esto se hubiese producido hace ya mucho tiempo! La conclusión, aparentemente lógica, es rechazar el mensaje cristiano.

Pero este análisis parte de un desconocimiento de lo que la Biblia dice. Esta no propone mejorar la humanidad; al contrario, la Palabra de Dios dicta un veredicto muy severo sobre los hombres y anuncia su juicio.

Durante los milenios que precedieron la venida de Jesucristo a la tierra, los hombres demostraron que eran incapaces de vivir en paz y de forma justa. Entonces Dios envió a su Hijo Jesús: “La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Rechazaron y crucificaron a Aquel que era el rey de paz.

Este hecho fue la mayor prueba del carácter incurable del pecado del hombre, y desde entonces la sentencia sobre este mundo fue pronunciada: “La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10).

El objetivo del Evangelio no es mejorar el mundo, sino proponer a los hombres la forma de escapar al juicio que lo alcanzará.

“Sed salvos de esta perversa generación.”  [Hechos 2:40]

“Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.”  [Gálatas 1:3-4]

Todo esto es bastante negativo y sería desesperante si el Evangelio se quedase en esa constatación sobre el estado incurable de la sociedad humana en su conjunto. Pero gracias a Dios este no es el caso.

Cuando Jesucristo vino a la tierra, no se limitó a revelar la oscuridad del pecado, sino que trajo esta “buena noticia” (es el sentido exacto de la palabra griega “evangelio”): Dios ama a los hombres a pesar de todo, y quiere darles un futuro, una esperanza.

En vez de esconder al hombre su estado y llenarlo de ilusiones, el mensaje de Dios es claro. Explica a cada uno: usted forma parte de una humanidad condenada, de una generación perversa cuyo fin es el juicio. Reconozca que este veredicto es justo y se aplica tanto a usted como a todos los demás. Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, quiso sufrir en su lugar. Al morir en el Calvario aceptó pagar la deuda por sus pecados. Si usted acepta esta sustitución, Dios lo perdona y lo adopta como hijo suyo. Ya no tendrá el peso de la condenación y podrá vivir teniendo paz en su corazón mientras espera el momento para ir al cielo y disfrutar de esa felicidad eterna.  

¿Habrá una promesa más bella que la hecha en la cruz por Jesús al ladrón arrepentido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”? (Lucas 23:43). Este es el Evangelio de Dios: ¡el paraíso con Jesús es ofrecido a todos! En el nombre de Jesucristo suplicamos a cada uno de nuestros lectores que reflexione seriamente en el mensaje divino y acepte la salvación que se le ofrece gratuitamente.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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