Los católicos romanos no son “salvos” sino que están “perdidos”

Los Reformistas eran sacerdotes católicos que se dieron cuenta de que no eran salvos sino que estaban perdidos porque el catolicismo no era el evangelio bíblico que salva, sino uno falso. A la gente no se la traía a una relación personal con Cristo como Salvador sino a la esclavitud de la Iglesia, esperando que ella finalmente los llevaría al cielo si ellos seguían sus reglas. En el catolicismo romano, la salvación no es un hecho consumado que resulta de la fe en Cristo sino un proceso continuo de obras y rituales en obediencia a la lglesia.

Habiendo creído en el evangelio bíblico, los Reformistas sabían que eran salvos, se regocijaron en ese hecho, y predicaron las buenas nuevas “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) a sus congéneres católicos, esperando reformar la Iglesi adesde adentro. Por esto fueron excomunicados y perseguidos, multituddes de ellos hasta el punto de perder sus vidas.

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El Concilio de Trento se convocó para hacer frente a las cuestiones suscitadas por la Reforma. Rechazó todo lo que los reformistas apoyaban, desde la autoridad de la Palabra de Dios hasta la salvación por gracia mediante la fe y el sacerdocio de todos los creyentes. Maldijo con más de cien anatemas a cualquiera que aceptara las doctrinas que sostienen los evangélicos. Ninguna de estas maldiciones ha sido eliminada hasta hoy. Estas son las simples realidades de la historia. Nada ha cambiado de las creencias de los evangélicos ni de los católicos.  Lo extraño es que los evangélicos que tratan de señalar los errores del catolicismo porque aman a los católicos y quieren que sean salvados se les acusa de “aporrear a los católicos”. ¿Y quá de las más de cien anatemas que condenan a los protestantes? ¿No es eso el verdadero “aporrear”?

La idea popular es la de que el Segundo Concilio Vaticano cambió muchas cosas. En realidad, sólo se hicieron unos cuantos cambios superficiales, como permitir que la misa se diga en el idioma del pueblo en vez del latín.

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Nada de las doctrinas centrales de Roma han cambiado en absoluto. El Segundo Concilio Vaticano citó continuamente del Concilio de Trento y otros concilios y simplemente reafirmó los dogmas católicos establecidos en el pasado. Para hacer que eso fuese abundantemente claro el Segundo Concilio Vaticano declaró:

“Este sagrado concilio acepta lealmente la venerable fe de nuestros antecesores en la comunión viva que existe entre nosotros y nuestros hermanos que están en la gloria del cielo o que todavía se están purificando [en el purgatorio] después de su muerte y propone de nuevo los decretod del Segundo Concilio de Nicea [787] del Concilio de Florencia  [1438-1442], y del Concilio de Trento (1545-1563].”

Extraído del libro: Una mujer cabalga la bestia. Dave Hunt.

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