Una de las primeras víctimas lamentables de la persecución a protestantes en Inglaterra en el siglo XVI fue Jane Grey, quien antes de apoyar su cabeza sobre el bloque del verdugo, testificó a la multitud que estaba presente:

“No aspiro a ser salva por ningún otro medio sino sólo por la misericordia de Dios en la sangre de su único Hijo Jesucristo y confieso que cuando conocía la Palabra de Dios, la descuidé, fui egoísta y amé el mundo… sin embargo, doy gracias a Dios, que de su bondad me ha dado una pausa para arrepentirme… Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s