[Canadá] Enfermera confesó que mató a ocho jubilados porque “se lo dijo dios”

¿Hasta dónde puede llegar la maldad humana? Claramente acciones así provienen de una persona que está bajo influencia demoníaca, esta señora declaró que dios le mandó que cometa estos crímenes. No hace falta clarar que el diario que publicó la nota escribió Dios con mayúsculas, pero sabemos que esto no provino sino del dios de este mundo y no del Dios del cielo.

“en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”. [2 Cor. 4:4]

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” [Jn. 10:10]

La siguiente nota parece salida de un cuento de terror:

Elegía a sus víctimas porque se “portaban mal” y les inyectaba una dosis letal de insulina. 

El 5 de octubre de 2016, el detective Nathan Hergott interrogaba a la apacible enfermera Elizabeth Wettlaufer en un cuartito mínimo del departamento de Policía de Woodstock, Canadá. La mujer parecía tranquila ante el no menos sosegado investigador, quien estaba a punto de oír una aterradora confesión.

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Las víctimas fueron asesinadas entre el 2007 y 2014.

Baja, regordeta, con anteojos, Wettlaufer comenzó a enumerar ante el inmutable agente canadiense los nombres de los ocho jubilados que había asesinado entre 2007 y 2014. Los crímenes habían ocurrido en distintos asilos de aquel barrio de Ontario.

Un video de YouTube con las dos horas de su confesión muestra la espeluznante templanza de Elizabeth y fue difundido hoy por la radiotelevisión canadiense CBC. Habla despacio, casi susurrando. Hace movimientos suaves con las manos y cada tanto se pone de pie para caminar torpemente por la estrecha habitación, como intentando silenciar su atormentada mente.

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Allí, Wettlaufer dijo que creía que una fuerza superior quería que matara a estas personas. Y que ella escogió algunas de sus víctimas porque eran “malas”, difíciles de cuidar y poco “amigables”. Dicho esto, Wettlaufer le admitió al detective que entendía que estaba administrando lo que resultaría ser una dosis letal de insulina.

“Yo sabía la diferencia entre el bien y el mal, pero pensé que esto era algo que Dios, o el que fuera, quería que lo hiciera –le contó al oficial–. Pero yo estaba empezando en ese momento a dudar de que era Dios”.

En ese momento de su confesión, Elizabeth estaba hablando del asesinato de Helen Young, su sexta víctima conocida, a quien mató en julio de 2013. Young fue la primera persona que había asesinado desde 2011.

La mujer reconoció que sentía “una urgencia” de asesinar y que tras matar a sus pacientes la invadía una incontenible “risa”.

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Wettlaufer, de 49 años, fue detenida en octubre de 2016 tras confesar el asesinato de varios ancianos que estaban a su cuidado al personal de un hospital psiquiátrico de Toronto, donde también estuvo ingresada para ser tratada de depresión.

El personal del hospital advirtió a la Policía de la confesión de la enfermera, quien fue detenida poco después.

Las víctimas de Wettlaufer vivían en varias residencias de ancianos donde trabajaba la enfermera y tenía entre 75 y 96 años de edad. [Fuente]

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