CRISTO Y EL ANTICRISTO

Autor: Dave Hunt.

Anti es un prefijo griego que significa no sólo “opuesto a” pero “en el lugar de.” El anticristo sin lugar a dudas se opondrá a Cristo, pero posiblemente lo hará de una manera diabólica e inteligente: pretendiendo ser Cristo. Para que el mundo lo apoye y lo siga y también lo adore, un falso cristianismo debe convertirse en la religión mundial, un “cristianismo” que todas las religiones puedan aceptar y que incluya todas las religiones para así formar “una fe“.  Por consiguiente podemos ver en nuestro tiempo presente la necesidad de una creciente apostasía, lo que significa el crear una iglesia apóstata para ser la novia terrenal del anticristo, en la misma manera que la verdadera iglesia es la novia celestial de Cristo. Tal es la importancia del movimiento de la Nueva Era y la aceleración de los muchos delirios y seducciones en estos “últimos días”.

A través de un falso evangelio, falsos profetas, prácticas religiosas ocultistas y el engaño de “señales y prodigios”, las iglesias de hoy se llenan de millones quienes se llaman cristianos, pero no lo son. Habiendo sido relegado durante el Rapto (arrebatamiento) y feliz de que la “negativa” influencia de los alborotadores desaparecidos haya sido eliminada, los que queden en la tierra van a adorar y a seguir al anticristo,  pensando que es el verdadero Cristo y que ahora las cosas están “mejor que nunca”.  Un “cristianismo” ecuménico en colaboración con todas las religiones, continuará y prosperará aún más después del Rapto que antes. El factor unificador será la preocupación y enfoque por la Madre Tierra. Trabajando para la paz y por la integridad ecológica será el substituto a la verdad, como la base del cristianismo, en la forma que ya el Consejo Mundial de Iglesias lo ha decretado.

Muy lejos de ser un invento hecho por aquellos quienes desean escapar de la persecución (que podría llegar a ser muy severa en América antes del Rapto), el Rapto antes de la Tribulación es esencial por un número de razones: en primer lugar, para eliminar a los verdaderos cristianos de la tierra. Si estuvieran presentes cuando el anticristo se revelara, lo desenmascararían y se opondrían a él.  Esa oposición tiene que ser eliminada para así dar a Satanás y al hombre, bajo el liderazgo del anticristo, plena libertad para demostrar que esta tierra puede transformarse de nuevo en un paraíso sin Dios. El Espíritu Santo, que es omnipresente, continuará su función correctiva y también llamará a muchos a Cristo durante la Gran Tribulación. La influencia moderadora, sin embargo, que Él ha ejercido en este mundo a través de los millones de verdaderos cristianos, repentinamente será eliminada, dejando un vacío moral y espiritual en hogares, barrios, empresas y escuelas, en una forma que nadie lo puede imaginar.

Que el Rapto ocurra antes de la Gran Tribulación es también necesario porque al anticristo se le dará una autoridad proveniente de Dios “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (Apocalipsis 13:7). Tal destino no podría ocurrir a la iglesia, porque Cristo dijo que las “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Por otra parte, los cristianos verdaderos tienen autoridad y poder para “resistir al diablo” y así él “huirá” (Santiago 4:7), porque “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Así que el hecho de que al anticristo le sea dado poder por Dios para “hacer la guerra a los santos, y vencerlos (es decir, matarlos) es  prueba de que la verdadera iglesia ya no está presente.

Los “santos” mencionados son aquellos que no han escuchado y por lo tanto no han rechazado el Evangelio antes del Rapto y quienes darán sus vidas a Cristo durante la Gran Tribulación. Pagarán por su fe con sus vidas. Los que lleven la marca de la bestia sufrirían la ira del Cordero, mientras que aquellos que no lleven la marca de la bestia serán asesinados por el anticristoPor lo tanto, si el Rapto sucedería después de la Gran Tribulación no sería nada eventual ni tendría mucho significado ya que los creyentes sobrevivientes serían muy pocos y no tendría sentido que el arrebatamiento ocurra en ese tiempo.  Y ciertamente aquellos cristianos que hubieran quedado vivos, al ver el juicio de Dios sobre la humanidad y los ejércitos de la tierra reuniéndose para la batalla de Armagedón, en un intento de destruir Israel, sabrían muy bien, sin duda alguna que la Segunda Venida estaría a punto de ocurrir — y estarían observando por la venida del Señor. Pero Cristo declaró que regresaría en un momento de tanta tranquilidad que incluso las “cinco vírgenes prudentes” “cabecearon  todas y se durmieron” (Mateo 25:5). También Él advirtió: “estad preparados; porque el hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). ¡Muy poco probable que esto pueda ocurrir en el medio de la más grande tribulación y destrucción que el mundo ha visto o que vaya a ver!

Para entender cómo se establece el escenario para el conflicto final entre Cristo y el anticristo,  es necesario tomar en consideración algunas comparaciones y contrastes entre estos dos antagonistas. En primer lugar, la secuencia de los eventos está en las manos de Dios. Aunque no podemos saber el día y hora del retorno de nuestro Señor, la Biblia nos da muchas indicaciones sobre el calendario general de este gran acontecimiento.  Está designada una hora exacta para la Segunda Venida de Cristo en la misma manera que lo fue para la Primera Venida: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo” (Gálatas 4:4). Lo mismo es cierto del anticristo. Muy posiblemente ya esté presente en el mundo y está esperando para hacer su aparición, este “hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2:3).  Y sólo podrá tomar el poder cuando Dios lo determine: “y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste” (2 Tesalonicenses 2:6).

Curiosamente, el Imperio Romano desempeña un papel integral en lo que se refiere a la revelación del Mesías de Dios, así como también la de Satanás. La antigua Roma sentó las bases para el nacimiento de Cristo: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado” (Lucas 2:1). Fue este decreto que causó que José y María estuvieran en Belén, para que Cristo naciera allí en cumplimiento de Miqueas 5:2. Y por supuesto también tuvo que ser ejecutado durante la época del Imperio Romano, que introdujo la crucifixión, con el fin de cumplir la profecía del Salmo 22.

Para que Cristo regrese, el Imperio Romano debe ser restablecido. Esto es evidente debido a la interpretación de Daniel en lo que se refiere a las distintas partes de la imagen vista por Nabucodonosor “La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido” (Daniel 2:32-33). Esto representa cuatro reinos del mundo: Babilonia, Medo-Persa, Griego y Romano. “Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro” (Daniel 2:41), representan el cuarto reino mundial restablecido en los últimos días lo cual es claro por la declaración, “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo, desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44)Cristo no estableció Su reino la primera vez que vino, así que Él debe venir otra vez a hacerlo. ¿Cuándo? “En los días de los reyes” o cuando el Imperio Romano haya sido revivido, en donde el anticristo se manifestará.  Cristo vendrá ya no “como un cordero al matadero” (Isaías 53:7), sino que ahora regresará en poder y en gloria para ejecutar juicio sobre aquellos que lo crucificaron, Cristo va a destruir este imperio del mal en su forma renovada en Su Segunda Venida. Aunque la fecha no se da, el momento del regreso de Cristo está claramente indicado.

Es también esencial que el Imperio Romano sea restablecido para que el anticristo haga su aparición. Daniel profetizó que “el pueblo de un príncipe que ha de venir (es decir el anticristo) destruirá la ciudad y el Santuario…” (Daniel 9:26). Los ejércitos romanos bajo el mando de Tito destruyeron Jerusalén y el templo en el año 70 d.C. Por lo tanto, es de esta gente que el anticristo va a provenir.  Eso no significa necesariamente que tiene que ser romano, ya que sus legiones vinieron de muchas partes del Imperio. Significa, sin embargo, que él debe venir de ese reino del mundo, y para que eso ocurra, el Imperio Romano debe ser revivido. Estamos siendo testigos del cumplimiento de este notable hecho en nuestros días.  Llamar al anticristo “el príncipe que va a venir” indica que, como los antiguos Césares, gobernará el Imperio cuando sea restablecido. Por otra parte, el antiguo imperio no era solo una entidad política, económica y militar sino también era una entidad religiosa con el emperador-dios, quien era la cabeza del sacerdocio pagano. En alianza con un gobierno mundial (el Nuevo Orden), una religión mundial encabezada por el nuevo César, el anticristo, debe establecerse en los últimos días, exactamente como indica Apocalipsis 13.

Durante las periódicas persecuciones del Imperio Romano en contra de los cristianos, todos los ciudadanos del Imperio debían inclinarse ante una imagen del actual César y adorarlo como Dios. Los que no lo hacían eran ejecutados. Tal será también el caso del anticristo en el restablecido Imperio Romano: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida … e hiciese matar a todo el que no la adorase (anticristo)” (Apocalipsis 13:8, 15).

Los contrastes entre Cristo y anticristo también son instructivos. Nuestro Señor fue despreciado y rechazado por Israel y por el mundo: el anticristo será aclamado y aceptado. Cristo fue burlado e insultado. Fue el grito de aquellos quienes rechazaban a Cristo, “¡No queremos que este hombre reine sobre nosotros!” Es increíble el darse cuenta de que por el contrario, el anticristo no solo será aceptado por el mundo, sino también por Israel. Jesús les dijo a los líderes Judíos de su día, “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Juan 5:43).

El Reino de Cristo, de luz y de verdad, es celestial (“mi reino no es de este mundo” – Juan 18:36); El reino del anticristo, que es un reino de la oscuridad, se basa en una mentira y es totalmente de este mundo. Es triste ver a tantos cristianos evangélicos enredados cada vez más en este mundo, unirse con los católicos, los mormones y otras sectas, con quienes están promoviendo sus agendas políticas y sociales y en el proceso pierden la esperanza de ir al cielo. Era característico de la iglesia primitiva el tener muy en cuenta quiénes eran ellos, ellos sabían que pertenecían a la ekklesia, es decir los llamados, quienes no eran de este mundo (Juan 17:6, 14, 16), pero ansiosamente estaban esperando (1 Tesalonicenses 1:10) por el retorno de Cristo para llevarlos al cielo (Hebreos 9:28; Juan 14:2-3). ¡Esa esperanza debe ser despertada!

Existe un misterio que envuelve a ambos, a Cristo y al anticristo. De Cristo, Pablo escribió, “grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…” (1 Timoteo 3:16). Y del anticristo escribió, “Porque ya está en acción el misterio de iniquidad” (1 Tesalonicenses 2:7).  Cada uno tiene una novia misteriosa, una es virgen, la otra una ramera. El misterio de la piedad, será revelado en la novia de Cristo, la iglesia, “que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Romanos 16:25) y es “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Y puede  ser revelado totalmente en el último momento (1 Pedro 1:5).

El misterio de iniquidad, que puede ser llamado inversamente “Satanás en vosotros, la esperanza de la condenación”, será también revelado a través de una novia, la del anticristo. Ella se llama “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” (Apocalipsis 17:5).   De la misma manera que Cristo ama y conserva a su novia, así también las huestes de Satanás “aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego” (Apocalipsis 17:16).

El hecho de que la segunda venida de Cristo en poder y en gloria para rescatarIsrael, y destruir a los ejércitos que tratan de destruirla y para establecer Su reino en el trono de Su padre David, es un evento separado del Rapto de Su esposa, la iglesia, lo cual está bastante claro. Algunos tratan de hacer ambos eventos en uno sólo diciendo que seremos “arrebatados para unirnos con el Señor en el aire” en Su camino a la tierra e inmediatamente daremos vuelta y lo acompañaremos al Señor al Monte de los Olivos y en Su intervención en Armagedón. Sin embargo, Apocalipsis 19:7-14 dice que el matrimonio de Cristo con Su esposa será en el cielo, antes de Su venida a la tierra para ejecutar la sentencia y establecer Su reino.

Un propósito importante de la Segunda Venida es la destrucción del anticristo, “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8). Por lo tanto queda bastante claro que la Segunda Venida no puede tener lugar hasta que el anticristo se haya revelado y haya establecido su reino sobre la tierra.  Si el Rapto no fuera un evento separado de la Segunda Venida, antes de la revelación del anticristo, entonces los cristianos no estarían a la expectativa de Cristo sino que estarían esperando por la manifestación del anticristo lo cual sería inaudito.

Uno de los crecientes engaños de hoy en día es la creencia de que la iglesia no va a ser arrebatada, sino que éste hecho ocurrirá cuando hayamos tomado este mundo (y no hasta entonces), entonces Cristo volverá para reinar sobre el Reino que ya hayamos establecido para Él. Sin embargo, Cristo prometió, “Y si me fuere y os prepare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Pablo escribió que “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.  Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Aún así, muchos de los que se llaman cristianos tienen la esperanza de unirse con “Cristo” con sus pies firmemente plantados en el planeta tierra, un “Cristo” que no viene para llevarlos al cielo, sino para reinar sobre el Reino que se ha establecido para Él. ¡Qué ilusión! Estas personas no han estado trabajando por el verdadero Cristo, sino por uno falso, el anticristo.  Ellos no han estado acumulando “tesoros en el cielo” (Mateo 6:20), sino que han estado edificando un reino terrenal. ¡Es nuestro deseo que nuestro esposo haga despertar nuevamente nuestro amor por Él, y que nuestros corazones, así como debe ser con una esposa, ansíen verlo y estar con Él!

Dave Hunt - Julio 2017

Publicado por primera vez en Julio de 1990

Título en inglés/Title in English: Christ and Antichrist.

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