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[Devocional] Tiene cita…

“Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.”
Amós 4:12
“Como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”
2 Corintios 5:20
«Mamá, ¿podrías pedirme una cita con el dentista? La quiero el miércoles por la tarde o el sábado en la mañana». Enseguida hice lo que mi hijo me pidió. Pero al día siguiente me dijo que más bien le pidiera la cita una semana más tarde, porque había cambiado de planes…

En la vida todos pedimos citas. Anotamos los días y las horas, desplazamos o anulamos si es necesario. Con algunas semanas o meses por adelantado, las páginas de la agenda se van llenando, y esto parece durar indefinidamente. Pero llegará un día a partir del cual permanecerán blancas, el día de la última cita de nuestra existencia terrenal. Dios ya fijó la fecha, ¡y no hay número o dirección de correo electrónico para anularla! Ese día, el cuerpo de cada persona volverá al polvo, y su alma a Dios, quien la creó (Eclesiastés 12:7).

¿Ha pensado usted en esa cita de su alma con Dios? Es preciso pensar en ello desde hoy, pues de esto depende su futuro eterno. Si comparece ante Dios sin haber solucionado la cuestión de sus pecados, ya no habrá marcha atrás, pues Dios es santo y no puede recibirle en ese estado. El que durante su vida en la tierra no se arrepiente de sus pecados, pasará la eternidad lejos de Dios, en los tormentos eternos.

Pero si usted depositó su confianza en Jesucristo y aceptó en su corazón su sacrificio, sus pecados son perdonados. A partir de ese momento está reconciliado con Dios y el cielo le es abierto.

¡No espere que sea demasiado tarde para prepararse para encontrar a Dios!
Levítico 1-2 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch - labuena@semilla.ch

 

Cristo es el Juez de la humanidad

A través del N.T. a Cristo se lo presenta como el Juez de la humanidad: Él mismo lo declara: Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” Jn. 5:22- 23,27,30.

Esto se vuelve a enfatizar en la predicación de la iglesia apostólica, por parte de Pedro: “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.” Hch. 10:42, y de Pablo en su discurso a los atenienses: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” Hch. 17:31; “en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” Ro. 2:16.

Cristo también será el Juez de los creyentes — juez de sus obras, no de su salvación: “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.” Ro. 14:10; “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” 2 Co. 5:10.

El factor de control en el juicio será la justicia, un tema que comienza en Gn. 18:25, “Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” y continúa a través de las Escrituras hasta Ap. 19:11“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.”. (comp. Sal. 9:8; 50:6; etc.).

Comentario por el Dr. C. I. Scofield

“El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”

Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” Ap. 19:9-10.

Aunque hombres, ciudades y naciones ocupan gran parte de la profecía bíblica, el tema principal es una Persona, el Señor Jesucristo. Tal como se le recordó a Juan en este momento culminante cuando estaba por ver la manifestación de Cristo en gloria, “el testimonio [con respecto a] Jesús es el espíritu de la profecía”.

Todos los temas proféticos deben ser analizados con cuidado, pero nunca de manera de oscurecer el lugar central que le pertenece a Jesucristo.

El Imperio Romano combinó características y cualidades de los primeros tres imperios

“La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre. 

Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne. 

Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio.” 

En Dn. 7:4-6 se ven tres animales: un león, un oso y un leopardo. Son símbolos de los imperios que precedieron al Imperio Romano, la bestia mixta (Dn. 7:7) que combinó características y cualidades de los primeros tres: la voracidad babilónica, la tenacidad persa y la rapidez macedonia.

“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.” Dn 7:7.

¿Dios realmente aborreció a Esaú?

Hay ciertos textos en la Biblia que hacen temblar a los seguidores modernos de Cristo. Uno de los más difíciles es la declaración de Jesús acerca de aborrecer al padre y a la madre para ser su verdadero discípulo (Lucas 14:26). La clave para resolver esta dificultad está oculta en el antiguo significado de la palabra hebrea שנא (pronunciado: soneh) incorrectamente traducida como “odio / aborrecer”.

Leemos que Dios amaba a Jacob, pero que “aborrecia” a Esaú (Malaquías 1:3). Sin embargo, podemos ver que Dios realmente bendijo a Esaú en gran medida (Gen. 33: 9), incluso advirtiendo a los israelitas que no ataquen a los hijos de Esaú, para que no arriesguen la protección hacia ellos de parte de Dios mismo (Deut.2: 4-6).

De hecho, la narrativa de la Torá se desarrolla de tal manera que cualquiera que escuche la historia de la bendición robada y el engaño por parte de Jacob simpatizaría con Esaú en lugar de con Jacob. No hay duda de que Dios amó a Jacob con su amor de pacto (un tipo de amor y cuidado diferente al que él tenía por Esaú), pero Él no lo “aborreció” en el sentido moderno de la palabra.  La traducción también nos dice que Jacob “aborreció” a su primera esposa Leah. Sin embargo, al leer más detenidamente, queda claro que Jacob amaba a Rachel más que a Leah (Gen.29:31). Así que lo mejor que se puede decir en Hebreo Bíblico es “amar a alguien / algo menos”. [Fuente]

[Devocional] ¡Es necesario!

“No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Juan 3:14-15, 17-18

“Os es necesario nacer de nuevo.” Juan 3:7

En varias ocasiones, cuando estaba en la tierra, Jesús explicó que sus sufrimientos y su muerte eran necesarios. Dios es santo, y el pecado que afecta a toda la humanidad es algo insoportable a sus ojos, y constituía un obstáculo infranqueable entre él y los hombres. Pero Dios también es amor, y no quería destruir a su criatura; al contrario, quería llevarla a la gloria.

Por esta razón Jesucristo vino a la tierra. La única manera de conciliar las exigencias del amor y de la santidad de Dios era que Jesucristo, el justo,sufriese el castigo que nosotros, los injustos, merecíamos (1 Pedro 3:18). Esta necesidad estuvo presente en su mente durante toda su vida en la tierra. Por ello Jesús nunca trató de escapar al sufrimiento y a la muerte; conducido por su incansable amor, se dirigió a la cruz. Allí resolvió una vez por todas la cuestión de nuestros pecados, durante las tres horas de oscuridad, en las que Dios “cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

Todavía queda otra necesidad: para beneficiarse del sacrificio de Jesús, es necesario que cada uno crea en él y lo acepte como su Salvador personal. ¡Nadie puede ser salvo sin fe! No se trata de una adhesión intelectual, sino de una plena confianza en el Dios de amor, en el medio de salvación que ofrece. La persona que da este paso, espiritualmente, nace de nuevo y empieza una nueva vida.

Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

Garganta parece de “miles de años de antigüedad” pero ha estado allí sólo unos meses

Dos minutos después de la medianoche del 14 de noviembre de 2016, la parte superior de la isla sur de Nueva Zelanda experimentó un terremoto de magnitud 7,8, el segundo más fuerte en Nueva Zelanda desde que llegaron los europeos.

Hubo una serie de fallas que se rompieron, moviendo el extremo noreste de la Isla Sur más cerca de la Isla Norte unos 2m; una falla se movió 10m hacia un lado lado. El evento lleva el nombre de terremoto de Kaikoura, nombre de la ciudad de 2.080 habitantes que se encuentra cerca de una de las fallas.

Rafting-gorgeEl terremoto causó un estimado de 80.000 a 100.000 derrumbes. Una serie de grandes resbalones bloquearon ríos en la región. En los meses posteriores, estos resbalones han sido erosionados por los ríos que fluyen a través de ellos.

Estas formas terrestres de nueva creación han asombrado a aquellos que creen que tales cosas toman eones (tiempo indeterminado) para formarse. Un observador escribió:

“En el espacio de cuatro meses, una garganta que parece haber estado allí durante miles de años ha sido arrancada de la caliza blanda del río Clarence. Los ríos siempre están cambiando, pero la velocidad de la transformación provocada por el terremoto de magnitud 7,8 en noviembre pasado ha sorprendido a los que trabajan en el agua ”. Seguir leyendo Garganta parece de “miles de años de antigüedad” pero ha estado allí sólo unos meses

“Mas el fin de todas las cosas se acerca;
sed, pues, sobrios, y velad en oración.”
1 Pedro 4:7.

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.” Judas 24-25.

Los dieciséis nietos de Noé

Cuando Noé y su familia salieron del Arca, eran las únicas personas en la tierra. Le correspondió a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet y sus esposas, repoblar la tierra a través de los hijos que les nacieron después del diluvio. De los nietos de Noé, 16 nietos se mencionan en Génesis capítulo 10.

Dios nos ha dejado amplia evidencia para confirmar que estos 16 nietos de Noé realmente vivieron, que los nombres que la Biblia da son sus nombres exactos, y que después de la dispersión de Babel (Génesis 11: 1-32) sus descendientes se desplegaron en la tierra y establecieron las diversas naciones del mundo antiguo.

Las primeras generaciones después del diluvio vivieron para ser muy viejos, con algunos hombres que sobrevivieron a sus hijos, nietos y bisnietos. Esto los distingue. Los 16 nietos de Noé eran los jefes de sus clanes familiares, que se convirtieron en grandes poblaciones en sus respectivas áreas. Varias cosas pasaron:

  1. Las personas en varias áreas se llamaban a sí mismas por el nombre del hombre que era su antepasado común.
  2. Llamaron a su tierra, y con frecuencia a su ciudad principal y río principal, por su nombre.
  3. A veces las diversas naciones cayeron en la adoración de los antepasados. Cuando esto sucedió, era natural que nombraran al hombre que fue antepasado de todos ellos como un dios, o reclamar a su ancestro longevo como su dios.

Todo esto significa que la evidencia se ha conservado de una manera que nunca se puede perder, y ni toda la ingenuidad del hombre la podrá borrar. Ahora lo examinaremos. Seguir leyendo Los dieciséis nietos de Noé