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[Devocional] Confesión y perdón

“Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor.” Sal 27:8

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.” Stg 4:8

Melania, una jovencita de 15 años de edad, fue a pasar la tarde en casa de una amiga. Su padre le recordó la hora límite para regresar a casa: diez de la noche. Pero como sucede con frecuencia en los adolescentes (y también en los adultos…), Melania dejó pasar la hora, y finalmente regresó mucho más tarde, sin avisar a sus padres.

Al día siguiente fue necesario encontrar un momento para excusarse con su padre y reconocer su falta. Confundida, sentada frente a él, con la mirada baja, reconoció su desobediencia y se excusó con palabras vacilantes.

–Mírame, le dijo él. Ella no quería hacerlo, pero terminó por levantar los ojos. Y en lugar de encontrar una mirada dura e irritada, vio lágrimas y una expresión de gran ternura en los ojos de su padre. Entonces se lanzó a sus brazos, y padre e hija entendieron que todo estaba nuevamente claro entre ellos.

Esta historia es una imagen simple de las relaciones del cristiano con Dios. Cada día él nos invita a conversar a solas con él, para que la comunión permanezca intacta entre él y nosotros, o para restablecerla si hemos pecado: “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9), solo espera una confesión sincera de nuestra parte. No tengamos miedo de momentos así, cara a cara con Jesús. Ellos siempre nos traerán paz y gozo.

“En cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en el Señor mi esperanza” (Salmo 73:28). “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (Santiago 4:8).

Job 10-11 – Hebreos 3 – Salmo 120 – Proverbios 27:11-12

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Perdonar para Avanzar

Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Salmo 103:12

Solamente perdónalo!. Si puedes perdonar lo sucedido, podremos avanzar en la vida. Esta es una petición importante, no importa que sea dicha en medio de una airada discusión o como una sencilla plegaria. Sin duda usted le habrá hecho esta petición a su cónyuge en algún momento ya que el matrimonio propicia oportunidades para herirse y ofenderse. Pero cuando decimos : “Olvídalo, por favor”, ¿no estaremos realmente diciendo: “Quítame la soga del cuello…, dame un respiro…, perdóname…?.

Es un alivio saber que no tenemos que discutir, rogar o disgustarnos con Dios por nuestros pecados. Todo lo que tenemos que hacer es seguir las instrucciones de 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” ¿Que hace El con nuestros pecados?. Los perdona. ¿Que hace con nuestras ofensas?. Las olvida. En Isaías leemos lo siguiente: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” (43:25). Jeremías añadió lo siguiente: “…; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande,…; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (31:34). James Moffatt ha traducido este ultimo versículo de la siguiente manera: “No tomaré en cuenta jamás el pecado de ellos.”

Si Dios es omnisciente, realmente no puede olvidar nada, pero si puede, y lo hace, no tomar en cuenta los pecados que han sido perdonados. Nosotros, como humanos, tenemos la tendencia de recordarle a los demás sus transgresiones. Dios no hace eso. Que es lo que usted hace cuando otros le ofenden?. Podemos perdonar pero verdaderamente no podemos olvidar. De allí que podemos elegir entre recordar las cosas con amargura e indignación o recordarlas con compasión. ¿Cual es su situación?. Cuando llegue el momento de perdonar y olvidar, ¿da usted una bendición o una maldición?. Esa es la elección que usted debe hacer.

Autor: H. Norman Wright