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10 desastres que golpearon EE.UU. cada vez que intentó dividir a Israel

Durante las últimas décadas, cada vez que el gobierno de Estados Unidos ha dado un paso importante hacia la división de la tierra de Israel, ha dado lugar a grandes desastres que han golpeado al país.

Todo esto se repite una y otra vez, y sin embargo, los líderes nunca parecen aprender.

Debido a que Estados Unidos tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, ninguna resolución puede ser pasada sin el apoyo de EE.UU.

En las Escrituras se nos dice repetidamente que Dios bendecirá a los que bendigan a Israel y maldecirá a los que maldicen a Israel.

Los siguientes son diez de los ejemplos más destacados de desastres que han golpeado a EE.UU. luego de que sus líderes le dieron la espalda a Israel:

#1: En 1979 el gobierno de Estados Unidos se negó a vetar una resolución contra Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU. El 22 de marzo de 1979, el gobierno de Carter decidió no vetar la Resolución de las Naciones Unidas 446.

Cuatro días después, el 26 de marzo, el Tratado de Paz entre Egipto e Israel fue firmado en Washington. Como resultado de ese tratado, Israel renunció a una enorme cantidad de territorio. Dos días más tarde, el 28 de marzo, el peor desastre de la central nuclear de la historia de Estados Unidos fue noticia en todo el mundo. El siguiente texto es de Wikipedia:

El accidente de Three Mile Island fue una fusión nuclear parcial que se produjo el 28 de marzo de 1979, en el reactor número 2 de la estación de Three Mile Island de generación nuclear (TMI-2) en el condado de Dauphin, Pennsylvania, Estados Unidos. Fue el accidente más significativo en la historia de EE.UU. en una planta de energía nuclear comercial. El incidente fue clasificado como un cinco en la de siete puntos de la Escala Internacional de Sucesos Nucleares.

Three Mile Island
Three Mile Island


#2: El 30 de octubre de 1991 el presidente George HW Bush abrió la Conferencia de Paz de Madrid que reunió israelíes y palestinos a negociar por primera vez.

En su discurso de apertura, Bush dijo a Israel que el “compromiso territorial es esencial para la paz”. En el mismo momento, “la tormenta perfecta” se estaba fraguando en el Atlántico Norte.

Esta legendaria tormenta viajó 1600 kilómetros en la dirección equivocada y generó olas de más de 10 metros que golpearon directamente en la casa del presidente Bush en Kennebunkport, Maine.

la tormenta perfecta 1991
1991, “La tormenta perfecta”


#3: El 23 de agosto de 1992, la Conferencia de Paz de Madrid se trasladó a Washington DC, y al día siguiente el huracán Andrew tocó tierra en Florida
causando 30 mil millones de dólares en daños. Fue el peor desastre natural hasta ese momento en la historia de Estados Unidos. Seguir leyendo 10 desastres que golpearon EE.UU. cada vez que intentó dividir a Israel

¿Qué significa el término “Hijo del Hombre”?

El nombre “Hijo del Hombre” encuentra su base en el gran pasaje mesiánico de Dn. 7:13:

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.”

Nuestro Señor usa esta expresión aprox. ochenta veces para referirse a sí mismo:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.” Mt. 16:28.

 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.” Mt. 19:28.

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,” Mt. 25:31.

“Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” Mt. 26:64.

“Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” Mr. 14:62

“Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.” Lc. 22:69.

Es su nombre como el Hombre representativo, en el sentido de 1 Co. 15:45-47: Seguir leyendo ¿Qué significa el término “Hijo del Hombre”?

La Nueva Jerusalén

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” Juan 14:1-3

¡Cuán poco sabemos de lo que el Señor nos está comunicando, a modo de consuelo, para desear estar en ese lugar y conocer más de todo ello! Cuando Juan vio la nueva Jerusalén dijo: “La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura… doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales” (Apoc. 21:16).

Según el diccionario bíblico un estadio era aproximadamente 178 metros. Esto quiere decir, que para calcular el tamaño real de la ciudad de Dios, tendríamos primero que multiplicar los 178 metros que tiene un estadio por los 12.000 estadios que tiene la ciudad por cada lado. Esto nos da un total de 2.136.000 metros los que reducidos a kilómetros vienen a ser 2.136 kilómetros por cada lado. Sabiendo entonces que la ciudad tiene 2.136 kilómetros de lado y como la escritura dice que es un cuadrado, si multiplicamos los 2.136 por 2.136, nos dará un área 4.562.496 kilómetros cuadrados. Ahora, si esta cantidad la multiplicamos por 2.136 kilómetros de la altura, tendremos un volumen de 9.745 millones 491.456 kilómetros cúbicos. Este serla el tamaño aproximado de la nueva Jerusalén, si se tratara de un cubo.

Es una ciudad con una extensión aproximada a la mitad del territorio de los Estados Unidos o de Europa. Seguir leyendo La Nueva Jerusalén

Pactos bíblicos: (8) el Nuevo Pacto

“Porque reprendiéndolos dice:
    He aquí vienen días, dice el Señor,
    En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;” (Hebreos 8:8)

El Nuevo Pacto, el último de los ocho grandes pactos de la Escritura, es
(1) mejor (comp. 8:6) que el Pacto Mosaico (Ex. 19:5, ver), no moralmente sino en cuanto a su eficacia (He. 7:19; comp. Ro. 8:3-4).
(2) Está fundamentado en promesas mejores (e.d. incondicionales). En el Pacto Mosaico Dios dijo: “si… guardareis” (Ex. 19:5); en el Nuevo Pacto El no pone condiciones (He. 8:10,12).
(3) Bajo el Pacto Mosaico la obediencia nacía del temor (2:2; 12:25-27); bajo el Nuevo Pacto la obediencia es producto de un corazón y una mente dispuestos (8:10).
(4) El Nuevo Pacto asegura la revelación personal del Señor a todo creyente (v. 11).
(5) Asegura completo perdón de pecados (v. 12; 10:17; comp. 10:3).
(6) Se basa en una redención que ha sido conseguida (Mt. 26:27-28; 1 Co. 11:25; He. 9:11— 12:18-23). Recuérdese que en el N.T. la palabra griega diatheke se traduce “testamento” y asimismo “pacto”.
(7) Asegura la perpetuidad, conversión futura y bendición de una Israel arrepentida, con quien el Nuevo Pacto aun debe ser ratificado (10:9; comp. Jer. 31:31-40 y 2 S. 7:8-17).

Los ocho pactos, resumen:

(1) El Pacto Edénico (Gn. 2:16, VER) condiciona la vida del hombre en la inocencia.
(2) El Pacto Adánico (Gn. 3:14, VER) condiciona la vida de los hombres caídos y promete un Redentor.
(3) El Pacto Noeico (Gn. 9:16, VER) establece un principio: la vida en la tierra es vida bajo gobierno humano.
(4) El Pacto Abrahámico (Gn. 12:2, VER) funda la nación de Israel y confirma, con adiciones específicas, la promesa de redención hecha a Adán.
(5) El Pacto Mosaico (Ex. 19:5, VER) condena a todos los hombres, “por cuanto todos pecaron” (Ro. 3:23; 5:12).
(6) El Pacto Palestino (Dt. 30:3, VER) asegura la restauración final y la conversión de Israel.
(7) El Pacto Davídico (2 S. 7:16, VER) establece la perpetuidad de la familia davídica (cumplido en Cristo, Mt. 1:1; Lc. 1:31-33; Ro. 1:3) y del reino davídico sobre Israel y sobre toda la tierra, que será cumplido en y por Cristo (2 S. 7:8-17; Zac. 12:8; Lc. 1:31-33; Hch. 15:14-18; 1 Co. 15:24).
(8) El Nuevo Pacto (He. 8:8) se basa en el sacrificio de Cristo y asegura la bendición eterna de todos los que creen, bendición prometida por el Pacto Abrahámico (Gá. 3:13-29). Es absolutamente incondicional, y en vista de que no consigna responsabilidades al hombre, es terminante e irreversible. Seguir leyendo Pactos bíblicos: (8) el Nuevo Pacto

Pactos bíblicos: (7) el Davídico

“Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.” 2 Samuel 7:16

El Pacto Davídico (vv. 8-17) sobre el cual se fundaría el futuro reino de Cristo, “del linaje de David según la carne” (Ro. 13), proveía para David:

(1) la promesa de posteridad en la casa de David;
(2) un trono simbólico de autoridad real;
(3) un reino o gobierno sobre la tierra;
y (4) la certeza del cumplimiento, porque las promesas a David hablaban de un trono que será “estable perpetuamente”.

Salomón, cuyo nacimiento predijo Dios (v. 12), no recibió la promesa de descendencia perpetua, pero sólo la seguridad de que
(1) edificaría casa al nombre de Jehová (v. 13);
(2) su reino será establecido (v. 12);
(3) su trono — su autoridad de rey— será perpetuo;
y (4) si Salomón pecaba, sería castigado pero no depuesto.

La continuación del trono de Salomón, pero no así de su descendencia, demuestra la exactitud de la predicción. Israel tuvo nueve dinastías; Judá tuvo una.

Cristo nació de María, que no era del linaje de Salomón (Jer. 22:28-30); El fue descendiente de Natán, otro hijo de David (comp,  Lc. 3:23-31; y Lc. 3:23). José, el esposo de María, era descendiente de Salomón y a través de él el trono legalmente pasa a Cristo (comp. Mt 1:6,16). De esta manera el trono, pero no la simiente, provino a través de Salomón, lo cual constituye el cumplimiento preciso de la promesa de Jehová a David. Seguir leyendo Pactos bíblicos: (7) el Davídico

Pactos bíblicos: (6) el Palestino

“entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.” Deuteronomio 30:3

El Pacto Palestino señala las condiciones bajo las cuales Israel entraba en la tierra prometida.

Es importante observar que la nación hasta ese momento no ha tomado la tierra bajo el Pacto Abrahámico que era incondicional (véase Gn. 12:2), ni tampoco ha poseído toda la tierra (Comp. Gn. 15:18 con Nm. 34:1-12).

El Pacto Palestino consta de siete partes:
(1) dispersión por la desobediencia, v. 1 (Dt 28:63-68; Gn. 15:18);
(2) futuro arrepentimiento de Israel durante la dispersión, v. 2;
(3) regreso del Señor, v. 3 (Am. 9:9-15; Hch. 15:14-17);
(4) restauración a la tierra prometida, v. 5 (Is. 11:11-12; Jer. 23:3-8; Ez. 37:21-25);
(5) conversión a nivel nacional, v. 6 (Os. 2:14-16; Ro. 11:26-27);
(6) juicio de los opresores de Israel, v. 7 (Is. 14:1-2; Jl. 3:1-8; Mt 25:31-46);
y (7) prosperidad nacional, v. 9 (Am. 9:11-15).

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Comentario por el Dr. C. I. Scofield

Pactos bíblicos: (4) el Abrahámico

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” Génesis 12:2.

El Pacto Abrahámico en su constitución (Gn. 12:1-4) y confirmación (Gn. 13:14-17; 15:1-7,18-21; 17:1-8) tiene tres aspectos:

(1) La promesa de una gran nación:
“Haré de ti una nación grande”
(Gn. 12:2). Esta era una referencia primordial a Israel, los descendientes de Jacob, a quienes se promete posesión perpetua de la tierra (Gn. 17:8), con quienes se hace el pacto eterno (Gn. 17:7), y a quienes Dios dijo: “y seré el Dios de ellos” (Gn. 17:8). La promesa a Abraham también fue que él seria padre de otras naciones (comp. Gn. 17:6,20), cumplido principalmente a través de Ismael y Esaú.

(2) Abraham recibe cuatro promesas personales:
(a) Ser padre de numerosos descendientes (Gn. 17:16).
(b) Recibir bendición personal, “te bendeciré”, cumplido de dos maneras: temporalmente (Gn. 13:14-15,17; 15:18; 24:34- 35); y espiritualmente (Gn. 15:6; Jn. 8:56).
(c) Recibir honor en lo personal, “engrandeceré tu nombre” (Gn. 12:2), cumplido en el reconocimiento de todos los que honran la Biblia.
Y (d) ser el canal de bendición, “y serás bendición” (Gn. 12:2): cumplido en bendiciones a otros a través de su simiente Israel, que se convirtió en instrumento de revelación divina; a través de Abraham como un ejemplo de fe piadosa (Ro. 4:1-22); y preeminentemente a través de Cristo, simiente de Abraham (Ga. 3:16). Seguir leyendo Pactos bíblicos: (4) el Abrahámico

Pactos bíblicos: (3) el Noeico

“Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra” Génesis 9:16.

El Pacto Noeico reafirma las condiciones de vida para el hombre caído tal como se anunciaron en el Pacto Adánico, e instituye el principio del gobierno humano para refrenar el pecado ya que se habla eliminado la amenaza del juicio divino en la forma de otro diluvio. Los elementos del pacto son:

(1) El hombre es responsable de proteger la santidad de la vida humana por medio de gobierno disciplinado para con los hombres, llegando aún hasta la pena capital (Gn. 9:5-6; comp. Ro. 13:17).

(2) No hay maldición adicional sobre la tierra, ni tampoco el hombre debe temer otro diluvio universal (Gn. 8:21; 9:11-16).

(3) Se confirma el orden de la naturaleza (Gn. 8:22; 9:2). Seguir leyendo Pactos bíblicos: (3) el Noeico

Pactos bíblicos: (2) el Adánico

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.” Génesis 3:14

El Pacto Adánico condiciona la vida del hombre caído. Dichas condiciones deben permanecer hasta que, en la época del reino, “la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Ro. 8:21). Los elementos del pacto son:

(1) La serpiente, instrumento de Satanás, recibe maldición (v. 14; Ro. 16:20; 2 Co. 11:3,14; Ap. 12:9) y se convierte en la advertencia gráfica de Dios en la naturaleza con respecto a los efectos del pecado —de ser la más hermosa y perspicaz de las criaturas a ser un reptil repulsivo. El más profundo misterio de la cruz de Cristo está sorprendentemente ilustrado en la serpiente de bronce, un tipo de Cristo “hecho pecado por nosotros” al cargar con el juicio que merecíamos (Nm. 21:5-9; Jn. 3:14-15; 2 Co. 5:21).

(2) La primera promesa de un Redentor (v. 15). Aquí comienza la senda genealógica de la Simiente:
Abel, Set, Noé (Gn. 6:8-10), Sem (Gn. 9:26-27), Abraham (Gn. 12:1-4), Isaac (Gn. 17:19-21), Jacob (Gn. 28:10-14), Judá (Gn. 49:10), David (2 S. 7:5-17), Emanuel-Cristo (Is. 7:10-14; Mt. 1:1,20-23; Jn. 12:31-33; 1 Jn. 3:8).

(3) La modificación de la condición de la mujer (v. 16) en tres aspectos particulares: (a) concepción multiplicada; (b) dolores en la maternidad; (c) liderazgo del hombre (comp. Gn. 1:26-27). El desorden que genera el pecado hace necesaria una cabeza, posición que se le confiere al hombre (Ef. 5:22-25; 1 Co. 11:7-9; 1 Ti. 2:11-14).

(4) La ocupación liviana del Edén (Gn. 2:15) se transforma en labor pesada (3:18—19) como consecuencia de la maldición sobre la tierra (3:17).

(5) El inevitable dolor de la vida (v. 17).

(6) La brevedad de la vida y la trágica certidumbre de la muerte física de Adán y todos sus descendientes (v. 19; Ro. 5:12-21). No obstante, la maldición sobre el suelo es para el bien del hombre. No es bueno que el hombre viva sin trabajar.

echados del jardin

Comentario por el Dr. C. I. Scofield

Pactos bíblicos: ¿Qué y cuáles son?

Un pacto es un pronunciamiento soberano de Dios por el cual Él establece una relación de responsabilidad:
(1) entre Él mismo y un individuo (p. ej. Adán en el Pacto Edénico, Gn. 2:16ss.),
(2) entre Él y la humanidad en general (p. ej. en la promesa del Pacto Noeico de que nunca más destruiría toda carne con un diluvio, Gn. 9:9ss.),
(3) entre Él y una nación (p. ej. Israel en el Pacto Mosaico, Ex. 19:3ss.), o
(4) entre Él y una familia específica (p. ej. la casa de David en la promesa de un linaje real a perpetuidad a través del Pacto Davídico, 2 S. 7:16ss.).

Un pacto de una categoría puede superponerse con otros; p. ej. el Pacto Davídico, donde a una casa real que permanecería se le promete la bendición máxima, y la promesa no es sólo a David sino también a todo el mundo en el reinado de Jesucristo.

Los pactos por lo general son incondicionales en el sentido de que Dios, por gracia y por la irrestricta declaración de que hará algo, se obliga a consumar ciertos propósitos anunciados, a pesar de los fracasos por parte de la persona o pueblo con quien está haciendo el pacto. La respuesta humana al propósito divinamente anunciado siempre es importante, ya que conduce a la bendición por la obediencia y a la disciplina por la desobediencia. Pero por la falla humana nunca se habrá de abrogar el pacto ni bloquear su cumplimiento.

En el caso del Pacto Mosaico, el cumplimiento de todas las promesas fue condicional a la obediencia de Israel, como esta implícito en las palabras “…si… guardáis… seréis…” seguido por “Todo el pueblo respondió… Haremos todo lo que Jehová ha dicho” (Ex. 19:5,8).

Los tres pactos universales y generales son: el Adánico, el Noeico, y también el Edénico en el sentido de que toda la raza está representada y presente en el fracaso de Adán. Todos los otros pactos se efectúan con Israel o con los israelitas, y son de aplicación primaria a ellos, aunque con bendición final para todo el mundo.

Al explicar la forma en que se cumplen los propósitos de Dios con el hombre, se observan ocho grandes pactos de Singular importancia. Dichos pactos son:

el Edénico (Gn. 2:16);
el Adánico
(Gn. 3:15);
el Noeico
(Gn. 9:16);
el Abrahámico
(Gn. 12:2);
el Mosaico
(Ex. 19:5);
el Palestino
(Dt. 30:3);
el Davídico
(2 S. 7:16);
el Nue­vo Pacto
(He. 8:8).

Comentario por el Dr. C. I. Scofield